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Dedicado
a: aquellas personas que me importan.
En
una época donde cada ordenador está conectado con
el de al lado, ¿cómo es posible que los propios usuarios
no estén conectados de una manera similar? A medida que avanzan
las comunicaciones y la técnica en sí, veo como mi
entorno no mejora el aspecto más sencillo: la comunicación
entre personas.
Hace
tiempo, cuando empecé con los ordenadores, las comunicaciones
entre máquinas estaban a precios prohibitivos. No sólo
el hecho de que Internet aún no fuera sencillo de
configurar, barato o en definitiva casi la única forma de
conseguir información rápida y de cualquier punto
del planeta.
Entonces
apenas existían modems de 2400 baudios, y se antojaban
en ampliaciones carísimas. Aún así, poco a
poco y con la ayuda de unos amigos empecé a meterme en el
mundo de las comunicaciones con mi primer modem, uno de 2400
baudios interno, que usé en mi primer PC: un 486/33
Mhz.
Al
principio, como todo el mundo, la utilidad principal para la que
servió fué para coger programas por el teléfono.
Más tarde descubrí otro mundo, mucho más gratificante
de lo que era ver como una barrita de porcentaje decrecía
o aumentaba hasta el final y poder ver lo que había transferido
de un ordenador a otro, aquella nueva posibilidad era: la mensajería.
Enviar
mensajes la verdad es que no tiene ningún secreto, y quizás
al principio no pueda parecer tan atractivo como coger el programa
que uno mismo elija, o distribuir el suyo de la misma forma. Pero
pronto uno aprende a apreciar que lo importante no son los megas
que te hayas ajenciado o si ha sido productivo el día de
comunicaciones. Quizás todo el mundo no sea igual que yo
(gracias al cielo ^_^), pero si hay muchos que piensan como yo.
Lo
importante de la mensajería vía ordenadores es la
posibilidad de intercambiar opiniones, hablar de cualquier tema,
con cualquier persona, unas veces amigo tuyo, y otras incluso desconocido.
Aquel tema que te apasiona, aquella discusión que no llega
a ningún fín, expresar ideas, crear en conjunto un
proyecto. Se abren multitud de posibilidades nuevas. Ver como con
una simple palabra de saludo una amistad crece y crece con el tiempo.
Cuando
yo empecé a comunicarme de esta manera, seguíamos
una pequeña rutina a diario, en la que cada día podía
sucederse con multitud de finales diferentes. Escribir un par de
mensajes nuevos pidiendo ayuda u opinión sobre algún
tema. Recoger los nuevos correos enviados por otras personas. Contestar
aquellas conversaciones pendientes. Recibir con ansias aquel mensaje
de una persona especial. O esperar impaciente las contestaciones
que acababas de enviar. Siempre había un hueco en el tiempo
para dedicarle a unas personas. Conocidos, amigos, personas importantes
de la vida de uno.
A
fín de cuentas, cuando no existían los ordenadores,
el correo postal suplía esa necesidad, aunque fuera una velocidad
mucho más tardía. Quién haya utilizado alguna
vez este sistema tan antiguo con sus amigos sabrá de qué
estoy hablando. Y si lo ha continuado con alguien podrá saber
que clase de conversaciones, sentimientos, palabras y en definitiva
multitud de horas de espera y cartas contestadas.
Pero
hoy en día, el mundo va tan rápido, es tan bueno,
y mejor, que poco tiempo se le dan a las cosas que verdadéramente
importan. La mayoría de las personas estan todo el día
entregadas a un trabajo que en la mayor parte del tiempo no les
gusta, que lo hacen para ganar un poco de dinero con el que pagar
la comida y vivienda. Las conversaciones se suceden en el día
con un "hola", una despedida, un "¿qué
le pongo?", "cuesta tanto", y ahí se acaba
la profundidad y lucidez del día.
Cuando
todo el mundo está más conectado, con más medios
de intercambio en su entorno, con más posibilidades que nunca,
menos comunicación existe. ¿será posible que
las máquinas que el hombre ha inventado sean más sociables
que el propio hombre? En un mundo así, nada
importa.
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