En las cunas de las religiones, en los lugares mas apartados de las continuas distracciones de la sociedad y del mundanal ruido, los eruditos y religiosos se reunían, muchas veces separados cada uno en su lugar, en un silencio contemplatico para su última búsqueda. Pero hoy en día, estos emplazamientos perdidos ya no son lo que eran.
Con la necesidad de centrarse en dicha búsqueda, algunas personas, intentando no distraer sus mentes y fuerzas con diferentes tentaciones, decidieron por voluntad propia retirarse a lugares mas reconditos y perdidos, inaccesibles, tranquilos, silenciosos y a la vez desérticos. La quietud extrema era necesaria para concentrar el alma, vaciarse completamente y poder esperar que esa iluminación entrase y les explicase “el todo”.
Sin embargo, esos lugares tan apartados, tan extremos, esos santuarios de la quietud, han sido mancillados y denigrados, y ahora sirven para un propósito totalmente contrario y retorcido. Continuar leyendo…